No hay que esperar hasta año nuevo para plantearnos nuevas metas, nunca es demasiado tarde ni temprano para hacer nuestros sueños realidad. Sin embargo, beneficiémonos de esta energía renovadora de Año Nuevo para transformar nuestros propósitos en acciones concretas.
Wilma Rudolph nació en una humilde casa de Tennessee. A los cuatro años, enfermó de neumonía y fiebre escarlata, una combinación mortífera que la dejó paralizada por la polio. Debía usar aparatos ortopédicos y los médicos le dijeron que nunca volvería a poner un pie en la tierra.
Esta simpática ave tenía un sueño, nunca se rindió y lo consiguió. ¿Qué podemos aprender de él?
Al leer el título de esta nota, probablemente has pensado, ¿Merlina me está recomendando que lea este libro antiquísimo que narra una historia fantástica? Pues si te gustan las aventuras o los relatos del oriente milenario, es una buena opción. Lo que quiero rescatar, en realidad, es el espíritu de esta obra y su mensaje, que me han acompañado desde que tomé contacto con este libro por primera vez, cuando era una niña.

Me diagnosticaron Esclerosis Múltiple (enfermedad progresiva discapacitante) hace más de 12 años en la edad más productiva de la vida, tenía 35 años dedicada al trabajo que me generaba independencia económica y satisfacción personal. Con una hija de 15 años nacida de mi matrimonio del cual por incompatibilidad de caracteres llegó a su fin cuando Karen tenía tres años.