
La música es maravillosa. Transporta nuestra mente y vitalidad hacia nuestro verdadero Yo. Las notas musicales, compases, acordes, ritmos, estilos, ejercen una influencia muy positiva en la vida de las personas.
Cuando alguna canción te recuerda algo que no quieres recordar y es de un cantante que te da igual, puedes decidir no escucharla y no tendrá gran consecuencia en tu vida, pero si es la voz del vocalista de tu banda favorita lo que no puedes soportar, sí estas -básicamente- en problemas.
Cada uno tiene sus manías, sus obsesiones, una cierta manera de relacionarse con el mundo que lo va convirtiendo en un personaje peculiar. Sin querer entrar en demasiadas confesiones, tengo que decir que una de mis manías vinculadas a la escritura tiene que ver con la música. Pero antes una aclaración: no puedo escribir ni leer con música. Aquello de la “música de fondo” no va conmigo. Ni aun tratándose de “buena música”, de obras interesantes, o de piezas suaves que casi podrían pasar inadvertidas. La escritura requiere que yo esté con mis cinco sentidos allí, frente a la página en blanco. Y creo que la música exige lo mismo.
Esta magistral obra del maestro Gerardo Tamez es una pequeña muestra de todo lo que somos. ¡Disfrútalo!
El viernes pasado acudí con la expectativa de ver una buena obra musical presentada en el teatro San Rafael. La obra empezaba a la 9:45 y al llegar fue imposible dejar el auto en el estacionamiento. No entendí el por qué, pues habíamos llegado con bastante tiempo; posteriormente me di cuenta de que había sido porque aun no habían salido los de la función anterior.
El fin de semana se nos fue una de las cantantes británicas más populares de los últimos tiempos. Amy Winehouse falleció por causas aún desconocidas en su habitación de hotel. Contaba con tan sólo 27 años, razón por la cual se une a la ya conocida leyenda en la que figuran otras grandes personalidades como Jim Morrison, Janis Joplin y Kurt Kobain que han muerto a la misma edad.

Muchos son los jóvenes a los que les gusta escuchar música y pocos son apasionados de la lectura. Un reciente estudio de la Universidad de Pittsburgh demuestra que los adolescentes que leen tienen menos posibilidades de padecer un trastorno depresivo.
Hasta ahora, se sabía que aprender a tocar un instrumento aporta aspectos positivos a niños y adultos, pero se ha demostrado que puede ayudar a discernir sonidos en la vejez. La música en la tercera edad ayuda a superar estados depresivos o de angustia y, junto con el baile, mejoraría el equilibrio y evitaría el riesgo de caídas.
En próximo sábado 9 de abril, el Foro Sol vibrará con una de las bandas más emblemáticas del rock en español: Caifanes. El grupo, que se reencuentra con sus fans tras una larga separación, es una de las atracciones principales del Vive Latino 2011.
Si estás pensando en inscribir a tu hijo en alguna actividad extra escolar, la música puede ser una de las mejores opciones, ya que mejora su aprendizaje y sus capacidades de comunicación. Entre más pequeños reciban estimulación musical o educación formal para aprender a tocar algún instrumento es mejor.
De la película Actually Love, disfruta esta hermosa escena.
Escrito por: Adriana Barroso
Te ha pasado que de pronto te preguntas ¿cómo puedo ser tan lista para unas cosas y tan cabeza de piedra para otras?
Escrito por: Nuria Llavita Rubio
Siempre que se escucha música se libera una sustancia química en el cerebro, la dopamina, responsable de proporcionar una sensación de bienestar.
Deja que el ritmo de esta canción te haga sentir mejor
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Un café con añejamiento de 20 años
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U
En caso de malestares, DulceSofia te recomienda lo escuches.