Chuchi Gonzalez
Tal vez por ser argentina, lo que más me gusta es hablar, pero de mí,me gusta compartir con la gente las experiencias que he tenido de vida, y aún cuando muchas de ellas han sido límite, he logrado crecer con ellas para fortalecer mis virtudes, y aceptar mis errores. Me gusta la vida en su máxima expresión que para mí es la LIBERTAD: VIVIR SIENDO UNO MISMO A CADA INSTANTE, sé que no es tarea fácil, pero debería ser una asignatura en las escuelas. Lo que menos me gusta es la gente que no corre riesgo por amor. chuchigonzalez@dhrearte.com http://womeninfreedom.blogspot.com
De niñas o adolescentes inmersas en el espectáculo del amor hemos soñado con ese momento en que nos entregamos por completo a un hombre; y miles de escenas de películas adornan nuestras fantasías; las luces tenues de las velas, la textura de las sábanas, la música que habrá de sonar, el momento de la desnudez, los olores, la piel en el encuentro, las caricias. Todo mágico en un ostentoso ritual de amor. Los cuerpos danzarines, la respiración agigantada, los besos húmedos, apretados, deliciosos; los jadeos rítmicos; el placer andante y… ¿Ya pasó?... ¿Qué pasó?... ¿Me quedé dormida?... Y en el lecho exhausto cae él.

El mundo está lleno de violencia. Injusticia. Desamor. Acuerdos rotos. Mentiras piadosas. Traiciones. Día con día establecemos pactos con nosotros mismos, y al finalizar la noche, la mayoría fueron violados, alterados, violentados. Siempre encontramos una explicación para justificar nuestro “no hacer,” para perdonarnos los “pecados cotidianos”, y sabotearnos los sueños. Pero por sobre todas las cosas, siempre tenemos tinta en nuestro tintero para escribir historias de víctima, de mala suerte, y conspiraciones del destino. “Si no fuera por…” “si hubiera…” “ si ellos me hubieran…”.

Cada día avanzan la injusticia, la violencia, la indiferencia en nuestro planeta. Día tras día, mujeres, hombres, niños, son violentados, abusados, maltratados. La histeria, el mal humor, la contaminación auditiva, el egoísmo son monedas corrientes.

Llego la primavera. Nueva estación. Nueva posibilidad. Etapa del florecimiento y de las alergias también, lo sé. Árboles empapados de colores, nuevos aromas en la brisa matutina, calor en las calles, atuendos frescos, suaves, ligeros.

Dicen que quién dice nunca mentir, ya ha mentido. La mentira es un acto lingüístico, que forma parte del mundo de las declaraciones. Cuando mentimos “declaramos el desarrollo de un acontecimiento falso” que deseamos que el oyente y hasta a veces nosotros mismo, le demos el veredicto de verdadero.

Lo mismo que nos enamora y seduce; es lo que al final del camino nos separa. Si me enamoré de él por su carisma y elocuencia; al tiempo me molestará su don de venderse todo el tiempo; si su bondad me atrapo, luego lo veré como un hombre de poco riesgo, permisivo y pasivo. Pasa en todas las relaciones; es casi inevitable. La belleza de esa mujer que genera envidia, se transformará en una pose superficial, en una Barbie insoportable; es que somos esclavos de lo mismo que conquistamos.

Las mujeres solemos arriesgarnos por amor, incluso hasta el extremo, y muchas veces al no recibir reciprocidad, sentimos que nuestra dignidad se ha visto anulada. Pero ¿De qué hablamos cuando nos referimos a dignidad?
La Navidad es una época especial del año, en la que algunos lloran y se desquician y otros la disfrutan, y se entregan al placer de los regalos, la comida, la bebida y los encuentros. En cada Navidad se produce un nacimiento, una oportunidad para realizar y alcanzar sueños postergados, declarar metas boicoteadas por el desgano y el cansancio; un “reseteo” de lo vivido en el resto del año. Esta navidad para mí es especial; han llegado de visita mi madre y hermana anterior a México; será la tercera navidad (para mí) sin mi padre, y el comienzo de un para siempre Navidad sin papá.
Hace unos días estuve en cama con catarro, mocos, cansancio, fiebre; diagnostico: “bronquitis”. De golpe vi frustrados la mayoría de mis sueños semanales. Adiós a la nueva rutina del gimnasio, a la dieta, a la invitación para ir al teatro, a terminar de pintar un cuadro que estoy haciendo, de limpiar el clóset.
Veo en el noticiero desplomarse un edificio; en su caída recuerdos; momentos, historias se caen en manos de la implosión, y en segundos todo es reducido a polvo que levanta polvo, humo de nada que enrojece los ojos. Todo es migajas de material, mugre y cemento.
Cuando es nuestro cumpleaños, pedimos un deseo.
Cuando cae una estrella fugaz, pedimos un deseo.
Cuando se abre un portal energético a una hora determinado, pedimos un deseo.
Cuando llegamos a determinada edad, sentimos que nos queda poco tiempo para hacer aquellas cosas que no hicimos en su oportunidad, y una urgencia por lograrlas casi se transforma en una carrera alocada a contra tiempo.
En nuestra vida actual hemos sido bendecidos con innumerable cantidad de avances tecnológicos; los que hemos nacidos en la década del setenta tuvimos en nuestra trayectoria la posibilidad de conocer desde los discos de vinilo o la máquina de escribir “Olivetti”, a los macro-beneficios de la BlackBerry; accedimos a las cartas escritas a mano, figuritas con brillantina y a publicar nuestra historia diaria en el muro del Facebook.
En la vida siempre hay caminos alternativos, bosquejos de varias posibilidades para hacer o deshacer, idas y vueltas; y cada día elegimos qué ruta tomar. Podemos andar por la terracería; por donde nuestros pasos serán inseguros, con obstáculos, perdiendo a veces la dirección de nuestro objetivo. Es el camino sin bordes, sin límites, todo parece asemejarse; dónde la queja se convierte en nuestro copiloto y la desazón una constante del viaje.
Nadie nos enseña a ser padres, a ser hijos; con el día a día, de las experiencias vamos aprendiendo, tomando aquello que nos sirvió, dejando fuera lo que no nos dio buenos resultados, y caminando de la mano de nuestros pequeños la maravillosa senda de la vida.
A cada paso, cada día, en cada instante de nuestra vida, estamos eligiendo. La vida es un mazo de naipes; al abrir los ojos; sacamos una carta. Cada carta puede ser un AS; aunque a veces la veamos como la carta de más bajo valor.
Sobre gustos no hay nada escrito, dice un refrán; y parece que todo es relativo. En voz de Lacan se ha dicho que “lo contrario también es verdad,” por lo cual la vida se nos plantea como un universo de pluralidades.
Hoy leí en el muro de Facebook de una amiga un mensaje que me conmovió; decía que siempre queremos los adultos dejar un mundo mejor para nuestros hijos, pero sería mucho mejor desear dejar mejores hijos para nuestro planeta; pues en definitiva ¿De qué nos sirve un mundo mejor si quienes lo habitan no han logrado trascender las barreras del egoísmo y la intolerancia personal?
Dicen que el tiempo cura las heridas, pero cuando estamos sintiendo el dolor no lo creemos: cuando sangramos duele, gritamos, y hasta sabemos que el tiempo es una bonita excusa tranquilizadora.
¿Palpitaciones? ¿Desgano? ¿Dolor de cabeza? ¿Fatiga? ¿Falta de deseo sexual? ¿Desórdenes alimenticios? ¿Dificultades para dormir? ¿Irritabilidad? ¿Sueles presentar estos síntomas? No dejes de escucharlos, tu cuerpo te está hablando y es hora de parar y elegir qué rumbo vas a tomar en tu vida; pues por el camino que estás andando en pocos kilómetros más te quedarás sin batería.