
Lo mismo que nos enamora y seduce; es lo que al final del camino nos separa. Si me enamoré de él por su carisma y elocuencia; al tiempo me molestará su don de venderse todo el tiempo; si su bondad me atrapo, luego lo veré como un hombre de poco riesgo, permisivo y pasivo. Pasa en todas las relaciones; es casi inevitable. La belleza de esa mujer que genera envidia, se transformará en una pose superficial, en una Barbie insoportable; es que somos esclavos de lo mismo que conquistamos.

Una ruptura amorosa siempre es traumática y dolorosa. En momentos así es totalmente normal sentir tristeza, ira y culpabilidad, tanto si somos nosotros quienes hemos terminado con la relación como si ha sido nuestra pareja.

Te han herido profundamente y sientes que tienes el corazón roto.
Probablemente, intentaste evitar que esto suceda, hasta que te quedaste con muy pocas fuerzas y te viste en la obligación de abrir tu mente y tu alma a la realidad que se hizo presente.

Soñé con un cuarto lleno de flores, amaneceres interminables, disculpas sinceras y cambios demostrados. Soñé con un largo pasillo de sonrisas y tristezas destrozadas. El pasto es verde y el cielo gris, a veces. No hay bancos donde te presten voluntad y coraje. No hay cursos de conquista garantizada ¡qué lástima! a algunos les vendrían bien. La fuerza de voluntad se paga a plazos con interminables intereses de arrepentimiento.
El amor se vive en el tiempo presente. Lo que sucedió, debe quedar en el pasado. Traerlo constantemente al momento actual, reprochar, no perdonar, son la vía más directa a la frustración y a la desintegración de la pareja. También generan peleas constantes, desasosiegos, esa sensación de estar harto y de no saber cómo hacer para dejar de discutir.
Llega esta época del año (diciembre) y ¡nadie está exento! Por lo general, nos inunda una nostalgia tan inmensa que no nos permite disfrutar de las fiestas como desearíamos…
El pasado es parte de nosotras, incluso los errores y sufrimientos del pasado lo son. Pero a veces le damos demasiada importancia al pasado y lo convertimos en nuestro eterno presente.

Muchas veces, las mujeres, aun con nuestra infinita capacidad de amar y de entregarnos cuando establecemos una relación de pareja enriquecedora, llena de esperanza, de planes, de buenas ideas y sobre todo del compartir diariamente nuestras vidas nos vemos sorprendidas por el terremoto de la angustia, quien sin avisarnos llega y arrasa todo a su paso. En poco tiempo nos vemos recogiendo partes de nuestros sentimientos en todos y cada uno de los rincones de nuestra casa. ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué ahora tengo tanta rabia dentro de mí? ¿Y dónde está mi alegría, mi vitalidad, mis sueños?
Esta en ese momento de la relación que no sabes qué hacer, si seguir o romper. Tienen interminables peleas y la mayoría del tiempo acaban discutiendo. Sientes cierto estrés porque no sabes qué hacer, si luchar e intentarlo de nuevo o dejarlo. Debes tener en cuenta que las relaciones no son perfectas y que a veces hay que lidiar con las dificultades.
No todas las relaciones de pareja tienen el final deseado, muchas veces la relación se rompe dejándonos un sabor agridulce.