También: sudoración, tensión muscular, palpitaciones, taquicardia, temblor, molestias en el estómago, dificultades respiratorias, sequedad de boca, dificultad para tragar, dolores de cabeza, mareo, náuseas, etc.
Evitar situaciones temidas, fumar, comer o beber en exceso, intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse, tocarse, etc.), ir de un lado para otro sin una finalidad concreta, tartamudear, llorar, quedarse paralizado, etc.
Pero además de generar ansiedad, el estrés puede producir, entre otras reacciones emocionales, enojo o ira, irritabilidad, tristeza-depresión. Asimismo, agotamiento físico.
Lo que hay que tener claro es que si el estrés es muy intenso y se extiende en el tiempo, lo más probable es que derive en enfermedades físicas y desórdenes mentales.
El estrés por lo general se presenta por la sensación de incapacidad para asumir los desafíos de la vida diaria. Por ende, el estrés laboral sería aquel producido por el entorno de nuestro trabajo.
Algunas causas podrían ser: ambiente laboral inadecuado, sobrecarga de trabajo, alteración de ritmos biológicos, responsabilidades y decisiones muy importantes, y condiciones laborales impropias.
Por último, acá van algunas recomendaciones de cómo prevenirlo: tener una dieta sana, dormir lo suficiente (siete horas como mínimo), realizar ejercicio a diario (caminar 30 minutos), poder diferenciar entre el ámbito laboral y el familiar; es decir, no llevarse trabajo o preocupaciones a casa.
Además, organizar de forma racional el trabajo, planear pausas durante el día, afrontar los problemas cuanto antes, mejorar la autoestima (por ejemplo, hacerse pequeños regalos cuando se logró un objetivo).



