Muchas de estas mujeres se encuentra en “una situación de vulnerabilidad” que provoca, entre otros problemas, cuadros de ansiedad y depresión. Además, para ellas es más difícil encontrar trabajo, pues las empresas prefieren contratar a mujeres sin hijos porque prevén, erróneamente, que las madres solteras se ausentan más de su puesto de trabajo.
Pero no todos son inconvenientes; ser madre soltera supone ventajas como la independencia a la hora de decidir sobre la educación del hijo. Además, la mujer gana autosuficiencia y seguridad a fuerza de solventar los obstáculos ella sola. Por otra parte, la familia y entorno social de la madre suelen comprometerse de una forma especial, tanto con la madre como con el hijo, lo que hace que éste desarrolle un vínculo más estrecho con su familia.
A veces escuchamos que la figura paterna es imprescindible para que un niño crezca feliz; esto no tiene porqué ser así. El niño siempre se sentirá mejor al lado de su madre y su entorno familiar, así como social que en un hogar lleno de peleas y enfados. La figura de la madre como una persona satisfecha y afectuosa es suficiente para que el niño se sienta querido y crezca feliz.
Por: Raquel.


