Está claro que somos personas en relación. Somos seres sociales. Que vivir entre personas nos hace crecer y ser sensibles con los demás. Desde hace miles de años que aprendimos a vivir en grupo para protegernos unas a otras. Vivir atento con los demás nos ayuda mentalmente. Pero también es cierto que estamos tan inmersos en tantas actividades “exteriores” que no tenemos tiempo para descubrirnos a nostras mismas. Se nos bombardea con tantas posibilidades, se nos ofrecen tantas actividades de rutina que poco a poco atrofiamos nuestra creatividad. Vamos adormeciendo nuestro interior para convertirnos en robots. Máquinas programadas, saturadas. Una vida equilibrada significa darnos tiempo para reflexionar y para disfrutarnos a nosotras mismas.
Para romper la rutina nada como las vacaciones. Durante el año escolar, nuestros hijos están volcados al exterior. Pero necesitan tiempo para sí mismos. Tener tiempo para interiorizarse, es una oportunidad para ir creciendo sin la angustia de estar solos, les permite explorar su interior. Conocerse. Es también, el momento ideal para explotar la creatividad. La mente rompe los límites del aburrimiento para crear, inventar, explorar e ir más allá. Dibujar, armar, bailar, inventar juegos y pasatiempos, oír un poco de música, cocinar, descubrir la lectura, andar por el parque, hay un sinfín de posibilidades para que estén solos y al mismo tiempo aprendan a descubrir la vida. Su propia vida.
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El ejemplo Nuestros hijos no aprenderán a interiorizarse si nosotras mismas no aprendemos a estar en calma y a solas. Tener una vida donde todo es actividad exterior, donde la familia se reúne alrededor de la televisión no permiten apreciar la importancia de la quietud. Si queremos que nuestros hijos engrandezcan su espacio interior, camina sola, lee, escucha música, crea manualidades en silencio. Disfruta regularmente de tú tiempo y verás cómo tus hijos también aprenderán a tener tiempo para sí mismos. |



