Firmeza. Debe proporcionar un apoyo blando a la columna vertebral, manteniendo su curvatura natural sin forzarla. Es recomendable que tenga refuerzo lumbar.
Confortabilidad. Un buen colchón debe saber adaptarse a los cambios de postura (tan comunes cuando dormimos), sin llegar a hundirse, ser transpirable y medir al menos 15 centímetros de altura y ser al menos 10 centímetros más largo que nuestro cuerpo.
Durabilidad. Depende del material del que esté fabricado, la ventilación y los tratamientos higiénicos, pero lo normal es que duren 10 años de media, periodo que suele coincidir con la garantía del fabricante.
A la hora de adquirirle es bueno tener en consideración el peso y talla de sus futuros usuarios, ya que si existe una gran diferencia entre ambos, puede ser recomendable el uso de colchones independientes unidos por algún sistema de cierre.
Cuando vayas a comprar un colchón lo mejor es que lo pruebes sin ningún pudor, elijas el que se ajuste a tu presupuesto y más cómodo te resulte, y no olvides preguntar por la garantía del mismo.



