Y es a través de ese lenguaje prisionero que creamos y crean, compramos y vendemos nuestras prisiones cotidianas; con el levantamiento de verdades absolutas; con creencias que nos cierran o abren posibilidades para nuestras vidas; con juicios totalizadores que muchas veces definen quienes somos o creemos ser o pretendemos proyectar.
Y pienso, que si de alguna forma el autor del libro– el Dr. Jorge Bucay- evoca la idea de la dependencia como estar siempre colgado, cuesta abajo o incompleto; también creo que si lo observamos desde una perspectiva diferente, nos acerca a la conclusión, que la falacia de autosuficiencia o de creernos que “yo tengo el poder de Greiscol” es sólo aquello, fantasía.
Tomar conciencia de nuestra finitud de capacidades, de acciones, de habilidades; no permitiría formar una sociedad mucho más tolerante de diferencias; puesto que la suma de las diferencias nos vuelve con sentido.
Saberse “uno” es decir diferente al otro, “único, irrepetible” es aceptar la grandeza que hay en los demás también; porque el mismo poder de mi originalidad recae en el resto.
Estar colgado de la idea que tenemos acerca de cómo actuar, sentir, vincularnos; es dejar parte de los resultados a la opinión de los otros, al visto bueno y amable. Puesto que siempre nos movemos teniendo en cuenta “la opinión de los demás”; por más “libres que seamos” siempre estamos mirando a quién seducimos.
Esto de estar interconectados con el ser y el otro, creo que es lo que abre la oportunidad de vivirnos en un nosotros inclusivo, en un contexto de interdependencia, en dónde todos somos parte del todo, o incluso el todo mismo.
Chuchi González
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