Mi paso por Bikram
Siempre empezar algo nuevo toma un poco más de esfuerzo de lo normal y más cuando uno va avanzando en el asunto de acumular años. Hay personas aventureras a las que les encanta experimentar en clases de baile, yoga, o actividades nuevas que les abren horizontes y satisfacen curiosidades. Yo me confieso bastante cerrada a lo nuevo aunque me gusten las actividades en donde haya buena dosis de peligro involucrado, digamos que el presentarme en un salón de baile o de yoga, o de algo que nunca haya hecho en mi vida me cuesta bastante trabajo y determinación. Paradójicamente me gusta el peligro pero no soy muy aventada y encima soy penosa.
Otra buena amiga me insistió tanto en ir que no dejó lugar a dudas de la maravilla que estaba a punto de descubrir. Traté de reclutar a un par de distraídas para que me acompañaran y al menos pudiéramos compartir alguna risa burlona, pero a la mera hora no se animaron. Fui sola.
Honestamente me daba miedo, además de ir presentarme en el lugar y hacer algo que jamás había hecho, también pensé que se me bajaría la presión con el calor y el esfuerzo, a lo que para mí la baja de presión es una de las sensaciones más espantosas que he experimentado. De alguna manera representaba enfrentarme a mis demonios, a uno de ellos al menos. En la clase me sentí un poco mal durante los primeros 30 minutos, pero también pensé que no estaba haciendo tanto esfuerzo y que esa sensación la podía detener con pensar que todo estaba bien. El asunto estaba en no clavarme y dejarlo pasar. Regresó y lo dejé pasar de nuevo. Hubo un momento en el que me senté por un minuto, respiré hondo y volví a la posición. En realidad no me estaba sintiendo mal físicamente, creo que más bien estaba predispuesta además de antes ya me había pasado en otras actividades. Uno no debe continuar una actividad si se empieza a sentir mal, eso es obvio, sin embargo creo que hay malestares que se generan por una idea y es uno mismo quien los deja que se apoderen del cuerpo.
Muchas veces pensamos que es cosa de vencer la flojera, de cumplir expectativas de otros y propias, sin embargo me pude dar cuenta que si dejamos pasar los pensamientos negativos podemos descubrir aspectos de nosotros que no pensábamos tener. Quizá no haya que luchar en contra de ellos, sino dejarlos pasar, aceptar que surgen malos pero también buenos, y que el que nos afecten depende en gran parte de la importancia que les demos.
Me decían por ahí: La sabiduría está protegida por monstruos. Nada tan cierto como eso. Justo cuando tenemos experiencias que nos confrontan desde luego con toda proporción guardada, no es lo mismo ir a una clase de yoga a verdaderamente sufrir algo importante, un accidente o tomar alguna decisión trascendente. Pero siempre, atrás de la confrontación, el miedo, el reto y demás, si lo superamos seguro encontraremos un aprendizaje que hará que lo que sufrimos se vea chiquito.
Mientras regresaré al Bikram una vez más para descubrir qué más hay en esos 40 grados de calor con 40 personas al lado.
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